domingo, 23 de octubre de 2011

Uno de mis trabajos favoritos... en honor a Carlos Arias.

Crónica de un conductor


Carlos Arias conductor de bus por más de 20 años, llega en su moto y me recoge mientras le digo que nunca había montado en moto, me pone el casco y el chaleco. Andamos por unos barrios oscuros y atentos a que estemos desatentos para realizar un ataque desprovisto. “A este barrio le dicen cielo-abierto, pero que extraño que esta mañana no esté lloviendo siempre llueve”. Me decía Carlos mientras bajábamos por una loma con la calle hecha pedazos.

A las 4 de la mañana en el paradero Vista Hermosa, del barrio Alfonso López,  se reúnen los transportadores de la empresa Nuevo Horizonte. Con un frío que congela los huesos, sacan una de sus manos de las espesas ruanas y las meten en la bolsa donde están las balotas del orden de salida, algunos alegan y dicen: Esto es una rosca. Pero en realidad es la suerte la que juega un papel importante a la hora de obtener la balota.

Carlos saca la última balota así que nos disponemos a esperar hasta que los demás buses se marchen, según Carlos de cierta manera fuimos afortunados ya que no vinieron los demás buseteros o sino saldríamos de aquí como hasta las 10 de la mañana, desde esta confesión me di cuenta que este trabajo no iba a resultar demasiado fácil.

Mientras pasaba el tiempo tomaban aguas aromáticas, tintos y demás bebidas ofrecidas por Ernestina Tique o “la señora de los tintos”, que lleva en aquel paradero un buen tiempo repartiendo calor con sus bebidas a los buseteros en las mañanas, ella con cierta amabilidad atiende a uno de los conductores con un poco de groserías que ponen a reír a más de uno.  El tinto no solo viene acompañado de azúcar, sino también de las conversaciones y de las risas de los conductores que esperan su turno para salir.

Van desapareciendo los 15 buses, como también desparece la oscuridad de los cielos capitalinos y va apareciendo la gente que corre para alcanzar los buses que van de salida. Llegan las 6 de la mañana, el frío es más intenso y es el turno de Carlos para salir, se despide de sus compañeros con un pito que despierta a cualquiera y con una gran sonrisa en su rostro que ameniza de la despedida.

Esta travesía de todos los días empieza en el sur, pasa por el centro y termina en el norte de la cuidad de Bogotá, entonces se podría decir, que es un viaje en cual se atraviesa de extremo a extremo la cuidad, en cual se puede conocer desde el barrio más popular hasta el barrio más selecto de la capital.

Se toma su tiempo y recorre las calles del barrio Alfonso López con su bus o más llamado “cebollero” grande y solitario. Mucha de la gente con aspecto de obreros; pero eso si muy limpios y decentes, suben al bus rápidamente y toman un puesto, no solo gente con aspecto de obreros tomaban este bus también ancianos, jóvenes de la subcultura urbana “raperos”, policías y también muchas madres con sus hijos de brazos.

El bus a la altura del barrio Las Lomas iba totalmente lleno y los cuerpos emanaban calor que contamino hasta la cabina. Luego de la misma manera de la cual se fue llenando este llegando a la zona Centro se fue desocupando hasta que quedaron unos 10 pasajeros.

 Al principio cuando la gente empezó a parar el bus cada cuadra Carlos se volvió una persona con los 5 sentidos bien puestos, el cual no se podía distraer de su labor.  Recibía el dinero mientras estaba pendiente de la persona que timbro y de la persona que saco la mano para coger el transporte, mientras observaba el camino porque el que se dirigía y hablaba por celular. Se oye un poco duro ¿no?, claro que lo es, es un trabajo difícil poco apreciado por muchos.

Eran las 7:30 am cuando íbamos por la séptima, todo se tornaba un poco aburrido, pocas personas tomaban el transporte y las pocas cuadras se bajaban así que el bus nunca se lleno por esta zona, Carlos sabe que este día y a esta hora casi no hay trabajo por la zona Norte pero él se aventura a recorrer esta zona.

Llegamos al destino final de la zona Norte,  en el barrio Colina Campestre entrega una tabla con unas anotaciones dentro de ella a un señor y se devuelve, ya solo quedaba un pasajero y el hambre llamaba desesperadamente a Carlos. Paro al frente de una panadería “cachezuda” de aquel barrio, llamada Pan y Ponke, salió de la cabina y muy amablemente le pidió al último pasajero que se bajara, el pasajero que no era de la cuidad le pidió que le ayudara con lo del otro bus, Carlos le paso 1000 pesos para que se fuera.

Caldo de papa, huevos al gusto, 4 panes francés y un buen chocolate caliente fue el desayuno de Carlos, mientras me contaba que en aquella panadería había visto a la Gorda Fabiola y también a Salomón, así que no era cualquier panadería y además era la panadería favorita de su recorrido. Se pasó la mano por la panza manifestando su satisfacción al terminar aquel desayuno, cogió otro pan y pago la cuenta.

Luego de pagar la cuenta, salimos hacia el bus, entramos a la cabina le subió al volumen de la radio, cogió un trapo rojo e inició limpiar el bus mientras esperaba a que pasaran las otras rutas, cuando ya íbamos a partir Carlos realizo el procedimiento para poner en marcha el vehículo, pero desafortunadamente este solo hizo como un perro que se estuviera ahogando, se intentó una gran cantidad de veces este proceso pero al final siempre se escuchaba el sonido de un motor cansado, la expresión de Carlos tomó un tono de preocupación y de rabia y pensaba en las posibilidades del ocasional daño del bus, optó por rendirse y decidió llamar a un familiar que vivía cerca, afortunadamente después de unos cuantos minutos pasó un bus de su misma empresa. El bus dio la vuelta y como una planeada y pequeña estrellad le dio un empujoncito al bus de Carlos el cual inmediatamente arrancó.

Comenzó a llover y el bus a la altura de la calle 100 se empezó a llenar aunque no totalmente, el día estaba un poco “flojo”, el aspecto de la gente que se subía no cambiaba mucho, de nuevo paso por la zona Centro y allí de nuevo el bus se volvió a llenar, el centro de la ciudad ya estaba un poco congestionado y la circulación se hacía difícil.

En la Decima la gente se hacía frente al prohibido parquear o frente al prohibido recoger pasajeros, mientras Carlos les hacia la seña que fueran hasta el paradero e inmediatamente señalaba las nuevas cámaras puestas para coger a los infractores de las leyes de tránsito. Las personas corrían y muchas no se movieron del lugar donde estaban, el bus se lleno completamente de nuevo y empezó a subir la loma repleto.

El recorrido de vuelta al paradero fue largo, cuando llegamos a este gente todavía se encontraba dentro del vehículo y pareció un poco desubicada a la hora de bajarse del bus.

Carlos acomodo el bus y salió contarles a sus amigos que el bus se había varado después de haber desayunado, mientras sus amigos le contaban que a uno de sus compañeros asalariados se le habían llevado el bus por no tener papeles, como buen compañero lo llamo a preguntarle en que lo podía ayudar.

Pasó una hora y Carlos arrancó de nuevo con su “cebollero”, esta vez al dar la vuelta a la esquina el bus ya casi iba lleno y se veían a las familias subiendo al bus, para su plan de dominguero. Ya todo tipo de comercio estaba abierto y las calles de estos barrios populares estaban sobre pobladas. 

Esta vez el recorrido era solamente hasta la zona Centro, ya que la zona Norte estos días el trabajo era muy escaso, no valía la pena irse hasta allá, “La gente del Norte tiene carro porque irían a coger  bus un domingo, tras del hecho dígame quién va a salir con este clima” y tenía razón en las dos afirmaciones que estaba expresando.

El bus iba lleno, el sonido de la emisora Vibra y sus canciones románticas hacían el ambiente más amigable y placentero, algunas de las canciones eran tarareadas por Carlos y por muchos de los pasajeros, aunque a veces el ruido asfixiante del  moto, de los pitos y demás sonidos que nos proporciona la ciudad aturdiera los oídos de muchos. 

Un viejo con unas frutas frescas en la mano, paró el bus y rápidamente paso la registradora y se sentó, Carlos lo miró un poco raro, el señor inmediatamente se levantó y le paso un CD de música electrónica pidiéndole excusas por no haberle pagado el pasaje, Carlos recibo el CD y le hizo un gesto con la cara con el cual le indico que se fuera a sentar, seguidamente se voltio y me sonrío,  me paso el CD diciéndome que clase de música era esa.

Empezamos hablar mientras sus ojos estaban fijos sobre la calle y lo que pasaba en ella, me decía, “yo estoy de acuerdo  con lo del SITP (sistema integral de transportes públicos), es que el sueldo ya se vuelve fijo y  solo tiene que trabajar 8 horas, a mí me gusta mucho esa idea,  además que también se dará mucho empleo, ya casi nadie nos jodera”.

El tiempo pareció perdió su afán cuando volvíamos hacia las montañas en busca de más pasajeros buscando llegar a su hogar y trabajos

Tan solo dure 13 horas en aquel bus y los huesos y la carne me pedían un descanso rápidamente, aunque al principio era divertido al pasar las horas todo se tornaba aburrido y el olor a clima mezclado hacia que me mareara dentro de aquel inmenso bus. Carlos en cambio parecía estar más despierto y más atento conducía más rápido, no sé si era por el hambre que tenia.

Llegamos al paradero, almorzamos junto a todos sus compañeros, en un restaurante que no se veía muy agradable y que en sus puertas reposaban en la sombra una gran cantidad de perros, como la buena imaginación para los nombres que tenemos los colombianos aquel restaurante se llamaba el “Paradero” en el cual el plato principal era la famosa bandeja paisa y sopita de cuchuco, hablaron de la nueva telenovela La reina del sur, y si disgusto hacia esta, luego hablaron del trabajo. Terminamos de almorzar y Carlos se fue a echarle una limpiada a su bus, entretanto un compañero me pedía que le tomara una foto a su bus.

Al final del recorrido me di cuenta que allí arriba solo existen los billetes de mil, era como si cada persona le correspondiera nada más de a mil pesos, todo por los escasos recursos en los que vive esta gente y la necesidad de transportarse hacia sus trabajos.

El trabajo fue duro y agotador, eso que no me arriesgue a pasar derecho hasta la noche cosa que si hizo Carlos, es un trabajo que es criticado por muchos y valorados por pocos.

Gracias Carlos Arías Q.E.P.D, un gran hombre luchador y de buen corazón.






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